Cada instante rengo, labios del camino,
arduas comisuras de ascendido lecho
al reducto intrauterino
de un gorjeo monosílabo.
Un nido apagado
bajo la misma bota.
Más desierto hay dentro:
calle Ojos, calle cero.
Imagen: Tomada de este blog.
D.R. (RSR)
Literatura, sociedad y vainas otras, desde un faro a la deriva.

Me-desierto gusta-calle, Oiga-cero. :)
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